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Los rincones preferidos de Rafael Moneo

El monasterio de La Mejorada, en la provincia de Valladolid, que el arquitecto navarro ha convertido a lo largo de 20 años en una bodega, inicia una ruta entre viñedos, pueblos y castillos mudéjares con final en su Tudela natal

El arquitecto Rafael Moneo, en su bodega La Mejorada (Valladolid) el pasado mes de octubre. Ampliar foto
El arquitecto Rafael Moneo, en su bodega La Mejorada (Valladolid) el pasado mes de octubre.

Rafael Moneo, que atraviesa los 80 en plena forma, es un caminante empedernido. Un día de otoño del año 2000, animado por unos amigos navarros, vinateros, con los que suele pasear y conversar (otra de las artes que domina), el arquitecto recaló en la provincia de Valladolid. El propósito de la excursión era conocer los restos del monasterio de La Mejorada, del siglo XV, en Olmedo, que fue testigo único de un momento esplendoroso de Castilla. “Estaba rodeado de algún viñedo y con una magnífica capilla mudéjar, incluida en muchas historias de la arquitectura, pero que se encontraba en un estado ruinoso”, recuerda. Proyectar una nueva vida a esa decadencia, “y devolverle la dignidad que acompaña al entorno”, fue lo que le animó a comprar la propiedad y construir ahí una bodega.

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Tras una rehabilitación larga y laboriosa, “pero modesta”, puntualiza Moneo, el conjunto monumental abrió al público en 2013. Y se ha convertido casi en su segunda tierra, o tercera, junto con Madrid, donde reside, y su Tudela natal. Y así, a su condición de arquitecto reconocido internacionalmente —ganó el Premio Pritzker en 1996— se añade la de bodeguero, cerrando un círculo, pues, según cuenta, la cultura del vino siempre estuvo presente en su casa familiar.

Ese trayecto tan singular de Madrid a La Mejorada, tan habitual para él en los últimos 20 años, lo descubre aquí. Un recorrido entre los campos de Castilla, pueblos históricos como Olmedo, Coca o Medina del Campo, su restaurante de cabecera en la zona y hasta un balneario, con final en Tudela (Navarra).

Visitantes en el palacio del Caballero de Olmedo, en la provincia de Valladolid. ampliar foto
Visitantes en el palacio del Caballero de Olmedo, en la provincia de Valladolid.

Refugio de reyes

La ruta empieza en el monasterio de La Mejorada, a unos 150 kilómetros al noroeste de Madrid, a 50 de Valladolid y a 6 de Olmedo. Este lugar, al que se llega por un camino flanqueado de pinares trazado por el arquitecto, debe su nombre a que una vecina de Olmedo fue mejorada en la herencia de sus padres con esta finca que está en medio de la nada, en plena Castilla y en plena soledad. “Y, sin embargo, fue uno de los focos de poder más importantes de los siglos XV y XVI, protegido por reyes y nobles. Lo fundó el infante de Castilla Fernando de Antequera, o de Trastámara, futuro rey Fernando I de Aragón. Entonces se daba una circunstancia muy importante, la gente se movía en función de dónde podía pasar la noche, y un monasterio estaba acompañado por una hospedería. Por esta pasaron Isabel la Católica y el rey Fernando, Carlos V y Felipe II”, explica Moneo. Y hasta Cristóbal Colón: “Aquí redactó, en 1497, El memorial de La Mejorada, en el que aconseja a los Reyes Católicos dónde poner la línea que divida el Atlántico, la demarcación de los mares y tierras entre los reinos de Castilla y Portugal”. Su importancia quedó también patente unos años más adelante, cuando el retablo de la iglesia se encargó, en 1523, al célebre escultor Alonso Berruguete. Considerada una de sus obras más admiradas, hoy está en el Museo de Escultura de Valladolid.

Interior del palomar de la finca La Mejorada, en la provincia de Valladolid. ampliar foto
Interior del palomar de la finca La Mejorada, en la provincia de Valladolid.

En sus inicios, el monasterio era de la orden de los Jerónimos, “la predilecta de la Corona española, en el sentido de que la orden está en El Escorial, en Guadalupe, Sevilla… En el siglo XVIII intentan ampliar el claustro, y lo dejan a medio hacer. Un siglo más tarde, durante la guerra de la Independencia, fue saqueado; después, acabó en manos de los dominicos, que abrieron un colegio, hasta que lo vendieron y fue explotación agrícola, colonia de verano… Cuando llegamos allí estaba en una situación dramática”, repasa su historia Moneo. El arquitecto empezó rehabilitando las tapias, un perímetro rectangular de 650 metros por 300 que rodea el edificio: “Una tarea que casi nadie haría porque es muy trabajosa y artesanal”. Después intervino en las dependencias: el palomar (“una pieza importante, regalo de Isabel la Católica”), la pesquera (“donde se criaba el pescado para la Cuaresma”), las puertas de entrada, los almacenes… Y, por último, el claustro, que amplió con una galería exterior y en el que está instalada la bodega.

Entre los sitios favoritos de Moneo en la zona están los mosaicos romanos de Puras y un restaurante con estrella Michelin

Tras tantos avatares, de la iglesia solo quedó en pie la capilla, “la responsable de que yo esté aquí”, admite. Declarada bien de interés cultural en 1931, su restauración está aún inacabada. “No se sabe bien dónde termina la intervención”, reflexiona. En realidad, está limpiándola de los restos que, bajo su magnífica cúpula azul, se añadieron desde el gótico y hasta el Renacimiento, con mucho respeto hacia su valor: “Está incluida en la Historia de la arquitectura cristiana, de Vicente Lampérez, o en Historia de la arquitectura española, de Bernard Bevan, que tradujo Fernando Chueca, y que muestra un fenómeno curioso: los Reyes de Castilla, tras haber conocido Andalucía, cuando vuelven a sus tierras se interesan por el arte musulmán y recuperan o incorporan a la arquitectura castellana alguna referencia hispano-musulmana”. La capilla está inconclusa también porque él se toma todo el tiempo del mundo para los detalles, como el pomo de la puerta, una reinterpretación suya de un detalle del remate de una verja de Gaudí.

Viñedo del monasterio La Mejorada, en Valladolid. ampliar foto
Viñedo del monasterio La Mejorada, en Valladolid.

42 hectáreas de viñedos

La bodega produce al año 60.000 botellas, “y está preparada para mucho más”, presume. “Pretende servirse solo de las uvas que cultivamos, sobre todo tempranillo, y otras variedades como merlot, cabernet sauvignon o shiraz, y lo hacemos sin regatear esfuerzos para que tengan la mayor calidad y reflejen fielmente el paisaje”. En la finca de 140 hectáreas, 42 están dedicadas a viñedo. Sus vinos, denominación de origen Vinos de la Tierra de Castilla, los define como “limpios, honestos, equilibrados y, a poder ser, elegantes, que no sea el exceso ni la rareza lo que los caracterice”.

Esta no es la primera bodega que lleva la firma de Moneo. La familia Chivite le encargó las de Señorío de Arínzano (Navarra); Álvaro Palacios hizo lo propio en Corullón (León), que realizó junto al estudio Canals Moneo, donde trabaja su hija Clara, un tándem que se ha repetido en la Bodega Ribas, en Consell (Mallorca). Su proyecto en La Mejorada implica también un plan de recuperación del paisaje: “La restauración se ha hecho con mucha modestia, pero acompañada siempre de la voluntad de prolongar decentemente su vida. El viajero no se va a encontrar solo con un monasterio, sería equivocado; más bien se ve cuál puede ser su evolución desde aquellos días de gloria que tantas cosas encierran —tanto que casi no me atrevo a hacer lo mío—, rescatando un tipo de hacer uso de la tierra, el viñedo. Quien vaya se va a encontrar con una lección de la historia de Castilla, de las piedras, pero también de las gentes y de sus campos”.

El museo de las Villas Romanas  Villa de Almenara, en Puras (Valladolid). ampliar foto
El museo de las Villas Romanas / Villa de Almenara, en Puras (Valladolid).

Tierra de pinares

Tras la visita a la finca y la bodega, es hora de sentarse a la mesa. Y Moneo tiene clara su opción: La Botica, en Matapozuelos, a 15 kilómetros del monasterio. “Siempre comemos muy bien, con una buena bodega también, ya que es zona de Rueda”. Esta antigua casa de labranza donde un tiempo estuvo la farmacia ostenta la única estrella Michelin en varios kilómetros a la redonda. A los fogones, Miguel Ángel de la Cruz, que propone una cocina delicada pegada a la tierra castellana. Famosa es su morcilla con toques de miel y un postre con ralladura de piña verde (la del pino piñonero), que se dan tan bien en esta comarca conocida como tierra de pinares que son una auténtica industria. El monasterio, de hecho, también tiene ocho hectáreas dedicadas al piñón ibérico.

El castillo de La Mota

No muy lejos, a unos 18 kilómetros del restaurante, está Medina del Campo, municipio que se ve desde el torreón de La Mejorada. “Fue una gran bolsa de negocios, los grandes banqueros y mercaderes de Castilla estaban aquí y ese esplendor se siente aún en algunas de sus iglesias, como la colegiata de San Antolín, en la plaza Mayor”, describe el arquitecto. Con más de 14.000 metros cuadrados, su plaza Mayor está considerada una de las mayores de Europa, y su mercado o Reales Carnicerías, uno de los más antiguos (1562), es fiel reflejo de ese poderío. Otra parada que propone aquí Moneo es visitar el castillo de La Mota, mudéjar y peculiar por sus usos: “Ahí murió Isabel la Católica, vivió un tiempo Juana I de Castilla, la Loca, y fue centro de la sección femenina después de la Guerra Civil”. Y, qué casualidad, su suegro, Luis M. Feduchi, arquitecto del famoso edificio Capitol, en la Gran Vía de Madrid, lo restauró en los años cuarenta del pasado siglo.

Balneario del hotel Castilla Termal, en Olmedo (Valladolid). ampliar foto
Balneario del hotel Castilla Termal, en Olmedo (Valladolid).

De convento a balneario

A unos 22 kilómetros se encuentra la siguiente parada: Olmedo, “una ciudad amurallada llena de referentes históricos; no con muchos monumentos, pero sí con resonancias de El caballero de Olmedo [de Lope de Vega], como su palacio”. Tras visitar la iglesia de Santa María, para cambiar de aires Moneo anima a ir al cercano balneario del hotel Castilla Termal, “levantado sobre las ruinas de un antiguo convento del siglo XII, hermoso como algunos más de aquí”.

Muy cerca de este municipio vallisoletano se encuentra un museo con otras huellas históricas: el de las Villas Romanas / Villa de Almenara (+34 983 62 60 36), en Puras, con un soberbio muestrario de mosaicos. “Todo el centro de Castilla estuvo ocupado a partir del Imperio Romano por villas importantísimas que se convertían casi en autosuficientes. Es su momento de esplendor en que lo cotidiano no está amparado en una ciudad, hablamos de los siglos III y IV”, explica el arquitecto.

El castillo de Coca, en Segovia. ampliar foto
El castillo de Coca, en Segovia.

Ávila o Segovia

En este punto de la ruta, Moneo propone dos opciones. Una, desviarse 30 kilómetros hasta Arévalo, ya en la provincia de Ávila, “donde hay mucho arte mudéjar, una buena iglesia de los jesuitas y muchos sitios donde comer cordero”. O, a una distancia parecida y para él lugar imprescindible, acercarse a Coca, en Segovia. “Su castillo del siglo XVI es, seguramente, el más espectacular y especial, nunca defrauda. Resulta difícil encarnar una masa de ladrillo de ese calibre, esa representación del poder del señor Mendoza, que era más que un poder fáctico, y que acaba siendo propiedad de la Casa Ducal de Alba”. Lo subraya dibujando en un papel el esqueleto de esa enormidad con el gran foso de agua sobre el río Voltoya. La segunda visita que propone es la parroquia de Santa María la Mayor, en la plaza Mayor de Coca: “Un ejemplo de tardogótico sofisticado interesantísimo, con varios sepulcros de obispos y de la familia Mendoza”.

Plaza de los Fueros de Tudela, en Navarra. ampliar foto
Plaza de los Fueros de Tudela, en Navarra. alamy

Un salto a Navarra

Una ruta que incluya los rincones favoritos de Rafael Moneo pasa, sí o sí, por Tudela, donde nació el arquitecto en 1937. “Si algo siento de La Mejorada, que ha estado muy presente en los últimos años de mi vida, es que me ha distraído de allí. La ciudad está llena de cosas bellas, y el que vaya no debe dejar de ver la catedral, hermosísima y menos conocida de lo que debiera”. Otras de sus paradas son la Casa del Reloj, el palacio del Marqués de San Adrián y la Casa del Almirante. “Es un pueblo que ha tenido su riqueza, la que daba el ser cabeza de un puente, que configuraba casi un territorio. Me gustaría destacar sus campos, y la importancia del perfil del Moncayo, es una maravilla verlo de azul intenso en verano y con las nieves en invierno. Tudela es para mí el pequeño mundo en el que me crie, crecí, viví y donde desperté al mundo”.

Hoy se pregunta cuántos días le ha robado la bodega a su tierra de origen, revisa en una pequeña agenda negra y suman unos cuantos. “Pero el interés ahora por La Mejorada no implica que olvide de dónde soy y de dónde vengo, algo completamente distinto”.

Deliciosas pistas

El arquitecto Rafael Moneo.
El arquitecto Rafael Moneo.

Para recorrer La Mejorada es necesario reservar. Hay visitas de dos tipos (de 10 y 14 euros), y ambas incluyen una cata de sus cuatro vinos. El último, Nuevo Villalar (2018-2019), es un tempranillo joven al que han reducido de 12 a 6 meses de barrica para destacar más la fruta.

Alrededor de la bodega de Rafael Moneo, además del restaurante La Botica, hay otros santos lugares para comer y comprar manjares. En Olmedo se encuentran los chocolates artesanos de Frías, una pequeña repostería de 1899, y hay que hacerse con unos quesos de pequeños obradores en Los Quesos de Juan, en Medina del Campo. Para comer un buen cochinillo o lechazo, en Arévalo está el asador Las Cubas, con el horno de leña a la vista.

Y en su Tudela natal, el arquitecto recomienda Remigio; Pichorradicas; el restaurante 33 y Mesón Julián, con una cocina pegada a la huerta navarra.

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Fe de errores

En una versión anterior de esta noticia, se llamaba Montoya al río Voltoya que baña la localidad segoviana de Coca.

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